domingo, 26 de marzo de 2017

Adiós, Derek Walcott


Hace poco más de una semana, el pasado viernes 17 de marzo, falleció en su casa en la Isla de Santa Lucía el poeta y dramaturgo caribeño Derek Walcott (Santa Lucía, 1930-2017). Era hijo de un pintor mulato, hijo a su vez de un inglés y una negra caribeña; su madre era descendiente de esclavos y tenía algo de sangre holandesa. De él heredó su amor por la pintura y la poesía, de su madre su afición por el teatro.

Poeta mestizo y muticultural, rabiosamente moderno, colorista y fértil, puro Caribe embotellado en versos abonados con la exuberancia tropical. Escribió poemas maravillosos en los que se pueden rastrear las similitudes entre las culturas caribeña y mediterránea.

Creció en el aislamiento de una isla tropical, estudió Literatura en la Universidad de las Indias Occidentales, en Jamaica, fundó el Taller Trinitario de Teatro en Trinidad y Tobago, fué profesor invtado de varias universidades estadounidenses y en 1992, obtuvo el Premio Nobel de Literatura

Es un poeta enorme. Nos dejó veinte libros de poemas y treinta obras de teatro. Aquí os dejo una muestra de su poesía.


Mañana, mañana

Recuerdo las ciudades que nunca he visto
exactamente. Venecia con sus venas de plata, Leningrado
con sus minaretes de toffee retorcido. París. Pronto
los impresionistas obtendrán sol de las sombras.
¡Oh! y las callejas de Hyderabad como una cobra desenroscándose.

Haber amado un horizonte es insularidad;
ciega la visión, limita la experiencia.
El espíritu es voluntarioso, pero la mente es sucia.
La carne se consume a sí misma bajo sábanas espolvoreadas de migas,
ampliando el Weltanschauung con revistas.

Hay un mundo al otro lado de la puerta, pero qué inquietante resulta
encontrarse junto al propio equipaje en un escalón frío cuando el alba
tiñe de rosa los ladrillos, y antes de tener ocasión de lamentarlo,
llega el taxi haciendo sonar una vez la bocina,
deslizándose hasta la acera como un coche fúnebre —y subimos.


Valle Roseau

Una palada de mirlos
salió disparada desde el borde de la carretera
y la memoria trinó retrocediendo
más allá de la estremecida apisonadora
que asfaltaba el camino
este amanecer a través de Roseau
hasta la fábrica de azúcar, que rugió
al detenerse, y del eco cada vez más amplio
de la caña, cuando solían cultivarla
en este dulce valle;
entonces, desde las flechas de las cañas,
salieron disparados los mirlos, andanada
tras andanada de acólitos,
convirtiendo todos los días en domingo
tras la huelga. Ahora no hay luz
en la fábrica abandonada.

Las vagonetas se oxidan sobre vías muertas.
Se empezó a cultivar el plátano
y el paraíso de un muchacho
cayó segado en gavillas de aleluyas.

Entre angostas trochas la hierba
se espesa. Un cruce esperará
en vano el paso de las viejas estrofas de hierro
con su fragante carga.

El techo galvanizado y descolorido
de la fábrica cede. Las planchas combaten
las palanquetas del viento que arrancan
sus últimos clavos, pero la capilla
de Jacmel, cuyas oraciones encadenan delicadamente
las muñecas unidas de los trabajadores (sus hombros
aún doblados como la susurrante caña,
sea cual sea la cosecha), sigue siendo tan vieja
como el valle, y la letanía
fluye con el acento de melaza
de los sacerdotes locales, no los de Bretaña
o Alsacia-Lorena. El incienso
sigue el mismo camino
que el humo de carbón vegetal sobre una colina
que conecta Roseau con el paraíso,
pero la fábrica perdió el aliento.

¡Cuán verde y dulce la conservé
junto a mi envejecida alma! Resplandece
aunque un fornido viento la ha barrido
con su impalpable guadaña, pero ¿a dónde
condujeron mis líneas? No aportaron
consuelo como los sacerdotes franceses
o el Himno de los Trabajadores, que disociaba
el paraíso de un incremento salarial,
ese lenguaje ofrecía un amor que sólo unos pocos
podían leer, a cambio de unas monedas de cobre,
sólo aquellos labradores que compartían los beneficios
de la comunión o del sindicato.

¿De qué sirvieron a esa amable gente del valle
mis loas a su serena luz verde?
Sobre las chimeneas y las chabolas
se cerró y oscureció el puño de una nube
gesticulando ante los relámpagos
de crepitantes, amplificados discursos
que dieron paso a un rugido de lluvia
procedente de las acequias de riego,
y la inundación convocadora de camisas
se embalsó con toda su fuerza
en torno a las puertas de la fábrica, desviándose después
desconcertada, sin saber qué camino seguir.

Todos los espantapájaros surgidos
de la cuneta con un grito crucificado
habían de alarmar a la sirena de la fábrica
o al ojo del campanario,
hasta que, como las desarrapadas cañas
una vez quemada la cosecha,
sus calcinados tallos fueron aplastados
de nuevo por la Iglesia y el Gobierno,
pero un lunes marcharon ocupando toda
la carretera, con gavillas en el puño,
mientras las motocicletas de la policía ronroneaban
junto a ellos en dirección a la sede del gobierno,
y el río moreno fluyó colina arriba,
su griterío serpenteó en torno al Morne,
abandonando a su suerte a la vieja fábrica de azúcar
para que se ocupara de la caña ella sola.

Mi mano compartía la inquietud de
los trabajadores, pero ¿cuáles eran sus poderes
ante esos andrajosos peones
que pasaban las hojas de mi Libro de las Horas?

Los demonios enseñan los dientes en una bandera y
el humo se eleva en espirales sobre un turiferario,
el aliento del dragón del opio
hace un Lenin de Lucifer.

La sombra de guadaña de una
bandera segadora recorre
los campos de cereales, la caña
partió con la flecha del mirlo,
y, junto con su cosecha, ¿qué desapareció?
¿Mi fantasía que en tiempos la convirtió en
«trigo oriental e inmortal»
o el peso de la indiferencia?

¿Pero era realmente un reino diferente
el mío? Las mitras y los peones pueden desplazar
las sombras de un cambio de régimen
sobre las casillas de los campos, pero mi regalo,
que no puede recompensar suficientemente
a esta isla, que no aportó una comunión
de las lenguas, cuya mano izquierda
nunca apretó las gavillas en unión,
sigue exudando la resina que gotea
de la cálida axila de una colina, mientras
mi elección del camino va emergiendo
de los anfiteatros del mar
para inhalar un vigorizante horizonte
por encima de los campanarios o las chimeneas donde
el latido de la apisonadora muere en el
aire indivisible, azul.


Publicado por Antonio F. Rodríguez. 

sábado, 25 de marzo de 2017

Atlas de la lengua epañola en el mundo - Francisco Moreno y Jaime Otero


Título: Atlas de la lengua española en el mundo
Autores: Francisco Moreno y Jaime Otero

Páginas: 146

Editorial: Fundación Telefónica

Precio: 0 euros

Año de edición: 2017

Esta tercera edicion, muestra la situación del español en el mundo a través de una galería de mapas y gráficos muy bien diseñados, expresivos y didácticos. La selección de cartografía demuestra que los mapas constituyen un medio de comunicación mucho más rápido y eficaz para transmitir situaciones de conjunto que los textos literales.

De un solo vistazo, la mente percibe mucha información en un instante y, en muchos casos, la información percibida se recuerda muy bien porque la memoria está intimamente relacionada con la percepción espacial, aspecto que aparece al contemplar un mapa y que, naturalmente, es mucho menos importante en un texto.

Con este libro se descubren muchas cosas interesantes, como que: hay alrededor de 6 000 idiomas diferentes, pero que los 20 más habladas ocupan más del 90 % del planeta; las lenguas están muy atomizadas, el 60 % tiene una comunidad de menos de 10 000 habitantes, especialmente en Oceanía y América; la mayor diversidad lingüística se da en la zona ecuatorial y tropical, y se atenúa hacia los polos; el español ha superado al inglés a principios del siglo XXI en número de hablantes nativos y está en expansión; el castellano es el idioma que menos convive con otros, y es el más uniforme.

Una obra fenomenal que nos recuerda que efectivamente el castellano es la tercera lengua en importancia en el mundo, después del inglés y del chino, y que se aprenden muchas cosas interesantes cuando se analiza la distribución espacial de los fenomenos relacionados. Un atlas muy interesante que evidencia que la descripción geográfica de cualquier cosa que nos interese es tan importante que si no la entendemos bien, se nos escapa una cantidad abrumadora de detalles relevantes. 

Si una imagen vale más que mil palabras, un buen mapa puede llegar a valer más que mil páginas. Este atlas está disponible de manera gratuita en este enlace:


Francisco Moreno Fernández (Mota del Cuervo, Cuenca, 1960), dialectólogo y sociolingüista español, es Catedrático de Lengua Española en la Universidad de Alcalá, académico de la Academia Norteramericana de Lengua Española. Desde 2013 es Director del Instituto Cervantes en la Universidad de Harvard

Jaime Otero Roth (Sevilla, 1960-2012), analista español de relaciones internacionales, pionero en España en la investigación de los aspectos demográficos, políticos y económicos de las lenguas, fué investigador en el Real Instituto Elcano de Estudios internacionales y estratégicos, y Director del Instituto Cervantes en Utrecht, entre otras responsabilidades.

Francisco Moreno Fernández y Jaime Otero Roth

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

viernes, 24 de marzo de 2017

Si Tánger le fuese contado ... - Tomás Ramírez Ortiz


Título: Si Tánger le fuese contado
Autor: Tomás Ramírez Ortiz

Páginas: 672

Editorial: Algazara

Precio: 26 euros 

Año de edición: 2005

Tánger es una bella ciudad de casi un millón de habitantes, situada al norte de Marruecos, que se asoma al Estrecho de Gibraltar y con una larga historia que hunde sus raíces en la época en la que los fenicios, los griegos y luego los romanos dominaron el Mediterráneo. Por ejemplo, cerca de Tánger hay una cueva llamada la Gruta de Hércules, donde dice la leyenda que durmió el héroe griego antes de ir a por las manzanas de oro del Jardín de las Hespérides, situado en la cordillera del Atlas.

Pues bien, esta ciudad norteafricana vivió una etapa de riqueza cultural, libertad, tolerancia y mestizaje, una época en la que se convirtió en una ciudad cosmopolita, abierta al mundo y al tráfico cultural. Fué desde 1923 a 1960, los años en los que se declaró la Zona Internacional de Tánger, un protectorado controlado en un principio por las autoridades francesas, británicas y españolas, a las que luego se sumarían los gobiernos de Portugal, Bélgica, Países Bajos e Italia.

Fué una época dorada, en la que grandes escritores ( Paul Bowles, Mohammed Chukri, William Burroughs, Jack Kerouac, Tennessee Williams, Eduardo Haro, Brion Gysin, Francis Bacon, Jean Genet, Leopoldo María Panero y los Rolling Stones...) se quedaron fascinados al ver lo bonita que era la ciudad y el ambiente  de efervescencia intelectual y artística. Un clima avanzado y libertario magistralmente descrito por el tangerino Ángel Vázquez Molina en su estupenda novela «La vida perra de Juanita Narboni».


Pues es este libro es un intento de recuperar y fijar aquella época, de levantar acta notarial detallada y completa de la ciudad que se convirtió en la gran metrópoli cultural del norte de África, prestando especial atención a la colonia española y los españoles que por allí pasaron.

La obra incluye: un prefacio a cargo del escritor Ignacio Alcaraz Cánovas y un prólogo del autor de la obra; a continuación, se cuentan los orígenes legendarios de la ciudad, se hace una extensa y detallada descripcion geográfica e histórica,se mencionan los principales rasgos sociales y culturales de Tánger (el casco histórico, la aportación española, el ensanche, Franco en Tánger, los diplomáticos españoles), para dar paso luego a una de las partes más entrañabes y melancólicas de este libro singular: una lista de escritores (como Juan Goytisolo, Carmen Laforet, Luis Buñuel y muchos otros), pintores (como Fortuny y Regoyos), artistas e intelectuales que estuvieron allí y conocieron aquella época dorada, con una pequeña reseña de cada figura y su actividad por allí aquellos años.

Luego, se repasan las costumbres y usos en un capítulo dedicado digamos a la sociología y etnografía de la ciudad (el hammam, los morabitos, la circuncisión, las mezquitas, los aguadores, los borriquilllos, los entierros, la enseñanza,etcétera), para dedicarle una última parte a la cultra hispanohebraica que allí se desarrolló, su historia, costumbres y muy especialmente, la haquetía, el dialecto sefardí del español que se habla en el norte de África, derivado del castellano que se hablaba en España cuando los judíos fueron expulsados en 1492, y que desde entonces han mantenido los judíos sefardíes, una counidad de dos millones de personas desperdigadas por multitud de países.

En fin, una enciclopedia muy completa y exhaustiva de lo que fué aquel Tánger mítico, un intento lleno de nostalgía y cariño de recuperación y preservación de un legado cultural que todavía mantiene su encanto de manera irresistible. En esa ciudad, durante unos 35 años, convivieron cristianos, judíos y musulmanes, intelectuales y artistas de las más variadas nacionalidades, en un ambiente de tolerancia y libertad envidiables, y en un entorno de una belleza perturbadora.

Todos los que conocieron aquel mito se quedaron enamorados de aquel pequeño mundo y hablan maravillas. Es curioso que después de tantos años todavía nos llegue el eco de todo aquello. Este libro permite disfrutarlo y hacerse una idea ajustada y detallada del fenómeno único y probablemente irrepetible que allí se dió. Una ciudad abierta y poliédrica, multirracial y multicultural, cosmopolita y ecuménica,libérrima y tolerante. Una metrópoli mítica que algunos tuvieron la fortuna de habitar.


Como dejó dicho Voltaire: «la belleza complace a los ojos y la dulzura encadena el alma». Una maravilla de libro.

Tomás Ramírez Ortiz (Alcazarquivir, Marruecos, 1935) es un escritor español autodidacta, políglota y, según él,aficionado, que vivió en Alcazarquivir, Tánger, Casablanca, Agadir y Marbella. Ha escrito varios libros de recuerdos e Historia sobre Marruecos y el norte de África.

Tomás Ramírez Ortiz 

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

jueves, 23 de marzo de 2017

Cuentos populares de la madre muerte - Ana Cristina Herreros


Título: Cuentos populares de la madre muerte
Autora: Ana Cristina Herreros (editora)

Páginas: 224

Editorial: Siruela

Precio: 19,95 euros 

Año de Edición: 2011

Esta maravilla hecha páginas recopila 44 cuentos tradicionales de las más variadas culturas, desde la azteca a la flamenca, de la inuit a la bosquimana, de la árabe a la nepalí, pasando por muchas más, sobre el eterno y a menudo evitado tema de la muerte.

Sin embargo, que nadie se asuste, porque como indica el título, la parca se trata como un personaje más, un familiar o una persona cercana que si lo pensamos bien siempre está ahí, nos acompaña, a veces nos corteja y da sentido a la vida.

Efectivamente, como explica la autora en el prólogo, hace años se celebraba la muerte de manera parecida a como se festejaba un nacimiento y la gente moría como personas, en casa y rodeada de la familia. Pero desde que hemos cambiado la tierra por el asfalto parece que queremos ocultar y olvidar que somos mortales (hace cuánto tiempo que no se oye esta palabra ¿verdad?).

Bueno, a lo que iba, que este volumen es una maravilla que atesora siglos de tradición destilada, concentrada y ordenada por Ana Cristina Herreros, la editora que ha seleccionado, preparado y elaborado todo el material. En cada cuento se indica la procedencia y al final se citan las fuentes originales de las que proceden todos los cuentos.

Por ejemplo, aquí os dejo uno de los más bellos romances, el escueto y conmovedor texto de «El enamorado y la muerte»:

Un sueño soñaba anoche,
soñito del alma mía,
soñaba con mis amores,
que en mis brazos los tenía.
Vi entrar señora tan blanca,
muy más que la nieve fría.
—¿Por dónde has entrado, amor?
¿Cómo has entrado, mi vida?
Las puertas están cerradas,
ventanas y celosías.
—No soy el amor, amante:
la Muerte que Dios te envía.
—¡Ay, Muerte tan rigurosa,
déjame vivir un día!
—Un día no puede ser,
una hora tienes de vida.
Muy deprisa se calzaba,
más deprisa se vestía;
ya se va para la calle,
en donde su amor vivía.
—¡Ábreme la puerta, blanca,
ábreme la puerta, niña!
—¿Cómo te podré yo abrir
si la ocasión no es venida?
Mi padre no fue al palacio,
mi madre no está dormida.
—Si no me abres esta noche,
ya no me abrirás, querida;
la Muerte me está buscando,
junto a ti vida sería.
—Vete bajo la ventana
donde labraba y cosía,
te echaré cordón de seda
para que subas arriba,
y si el cordón no alcanzare,
mis trenzas añadiría.
La fina seda se rompe;
la muerte que allí venía:
—Vamos, el enamorado,
que la hora ya está cumplida.

Y en este enlace podéis leer un delicioso cuentecito bosquimano, cortesía de la editorial Siruela.

Un libro maravilloso, lleno de encanto y delicadeza, tierno y profundo a la vez, que os recomiendo vivamente y ceo que no debería faltar en ninguna biblioteca.

Ana Cristina Herreros (León, 1946) es filóloga y se ha especializado en cuentos infantiles y para adultos, el romancero y cuentos populares. Hace ya algunos años que se dedica a recoger cuentos populares y de tradición oral, para elaborarlos y utilizarlos en sus recopilaciones y actuaciones, porque también es una consumada narradora de cuentos (¿cuentacuentista?) con más de 20 años de experiencia a las espaldas.

Dos de sus libros«Libro de monstruos españoles» y «Geografía mágica», han conseguido el Premio Nacional al libro infantil y juvenil mejor editado en el 2009 y el 2011, respectivamente. 

Ana Cristina Herreros

Publicado por Antonio F. Rodríguez.