miércoles, 25 de junio de 2014

Las doce sillas - Ilf y Pétrov


Título: Las doce sillas
Autor: Ilf y Pétrov

Páginas: 533

Editorial: Acantilado
 

Precio: 23 euros 

Año de edición: 1999

Es un verdadero placer escribir de un libro como éste, una divertídisima sátira de la URSS de los años 20, divertida, ingeniosa, llena de inteligencia y de pasajes memorables. Un libro que se disfruta a carcajada limpia, bien escrito y con un ritmo endiablado.

Cuenta las peripecias y aventuras de unos cuantos personajes en busca de un juego de doce sillas por todo el país, en una de las cuales hay escondida una fortuna en joyas y brillantes. La vertiginosa carrera que se precipita entre los más disparatados personajes sirve de excusa para crear un sucesión de escenas satíricas de la vida soviética hasta componer un fresco muy divertido y revelador.

El contexto es la Rusia soviética durante la llamada Nueva Política Económica (NEP) impulsada por Stalin desde 1921 a 1928, en plena posguerra. Supuso la autorización del comercio, de pequeñas empresas privadas y del trabajo asalariado en ciertos sectores y la aparición de un campesinado rico. Una época ligeramente capitalista, llena de contradicciones, también de una relativa libertad y una floreciente creatividad cultural. Acabó con una represión brutal y la vuelta a un férreo control estatal de la economía.

En la novela, aparecen el súbito afán de enriquecerse, que se propagó como un reguero de pólvora, funcionarios corruptos y avariciosos, el poderoso clero buscando su tajada, antiguos aristócratas, antirrevolucionarios, inmigrantes ilegales... toda una galería de personajes que constituyen un reportaje sociológico impagable, retratados con el más fino humor.

El libro está lleno de fragmentos deliciosos, como la historia del húsar asceta, la descripción de la construcción del tranvía de Stàrgorod, los avatares de la sociedad secreta llamada «La espada y el arado», la descripción de las estaciones de tren de Moscú o una muy interesante disquisición sobre las maravillas de la estadística.

El planteamiento y los capítulos, con títulos de antología («El cerrajero, el papagayo y la adivinadora», «¡Respeten los colchones, ciudadanos!», «Conversación con el ingeniero desnudo») recuerda inevitablemente al gran Julio Verne y sus novelas de aventuras, organizadas en capítulos con títulos inolvidables.

El protagonista es un buscavidas profesional, hijo de un súbdito turco, con bufanda y sin calcetines, especialmente dotado para los embrollos, un pícaro timador capaz de los peores crímenes, como comprarse unos botines de color frambuesa y unos calcetines ajedrezados negros y verdes, que merece estar en la galería de los personajes literarios más divertidos y peculiares.

Un clásico que forma ya parte de la cultura popular soviética. Hay frases que se han hecho proverbiales y sus personajes y situaciones se han convertido en lugares comunes entre los rusos. Es un libro genial, muy divertido, que no se conoce demasiado en nuestro país y que se merece una lectura tranquila y relajada.

Hay varias versiones cinematográficas, entre las que destacan dos, a cual mejor cada una en su estilo, de esta genial obre, una cubana dirigida por Tomás Gutiérrez Alea en 1962 y otra estadounidense de Mel Brooks (1970). Ninguna de las dos tiene desperdicio y el ejercicio comparativo de ver las dos resulta de lo más interesante.

Las doce sillas (1962) de Gutiérrez Alea


El misterio de las doce sillas (19170) de Mel Brroks

Ilya Ilf (1897-1937) y Eugeny Pétrov (1903-1942) furon dos periodistas y escritores satíticos nacidos en Odessa. Ilya nació en una familia judía y probó los más variados oficios, telefonista, repartidor, obrero en una fábrica de armas, bibliotecario, hasta darse cuenta de que el periodismo era lo suyo. Pétrov trabajó durante tres años como detective y su primer trabajo escrito fué un protocolo para describir un cadáver en caso de homicidio.

Se conocieron en Moscú, decidieron escribir juntos y en el decenio que va desde 1927 a 1937 crearon una obra común que comprende dos novelas («Las doce sillas» y «El becerro de oro»), un relato largo («Una personalidad brillante»), un divertido libro de viajes sobre los Estados Unidos de la Gran depresión («América de un sólo piso») y mulitud de relatos cortos.

Tan fructífera carrera se paró en seco con la muerte por tuberculosis de Ilya. Pétrov moriría poco después en un accidente de aviación. Una pena, nadie sabe hasta donde podrían haber llegado esta pareja de irreverentes, descreídos con su afán de ejercer la ironía sobre todo lo que se les ponía a tiro.

El asteroide 3368, descubierto en 1982 por Karachkina. lleva el nombre de IlfPetrov en su honor.  

Ilya Ilf y Eugeny Pétrov

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada