martes, 22 de mayo de 2018

Visión binocular - Edith Pearlman


Título: Visión binocular
Autora: Edith Pearlman
 

Páginas: 512
 
Editorial: Anagrama
 

Precio: 24,90 euros
 

Año de edición: 2018 

Se pregunta en el prólogo la escritora y librera Ann Patchett cómo es posible que una autora así haya sido tan desconocida hasta hace unos años. Estoy totalmente de acuerdo con ella y también en el hecho de que es imposible dejar de leer sus narraciones, cuando acabas un cuento ya estás deseando que comience el siguiente. «Visión binocular» es el título de uno de los cuentos que conforman esta antología.

Se divide en dos partes, Relatos escogidos, de la que destaco «Fidelidad» y «Visión binocular» (lo que puede acarrear regalar unos prismáticos), y Relatos nuevos, en la que destaca «Fechorías», un canto del cisne de una pareja de ancianos. En sus cuentos habitan mujeres sobre todo  (aunque también hombres) en ambientes tan distintos como París después de la Segunda guerra mundial, hospitales, casas de vacaciones, centros de acogida, etc. También está muy presente el judaísmo, imagino que por razones personales y sentimentales. Relatos sobre gente corriente tratados con cariño y empatía por su narradora mediante una forma naturalista de escritura que engancha desde el primer cuento hasta el último. 

Edith Pearlman (26 junio 1936), escritora nacida en Rhode Island, ha sido una autora tardía. De hecho su primer libro de cuentos, «Vaquita y otras historias» se publicó en 1996. Previamente, había publicado relatos en diferentes medios de comunicación. Se dio a conocer con «Miel del desierto», colección de pequeñas historias que obtuvo diferentes premios literarios en EE. UU.

Edith Pearlman

Publicado por Ana Domingo.

lunes, 21 de mayo de 2018

Muerte de un viajante - Arthur Miller


Título: Muerte de un viajante
Autor: Arthur Miller
 

Páginas: 160 

Editorial: Tusquets
 

Precio: 7,95 euros
 

Año de edición: 2006

Soy aficionado al teatro, acudo a representaciones, con menos frecuencia que la que deseo, y de vez en cuando leo obras teatrales. Por un lado lees una historia escrita de una forma distinta, sin descripciones amplias de lugares, sólo con anotaciones breves, las imprescindibles del autor para situarnos en un lugar y época determinados para el desarrollo de la acción. Y tampoco hay retrato psicológico de los personajes, eso queda para que lo elabore el espectador. Por otra parte me gusta imaginar el trabajo de interpretación que el actor hará sobre el personaje, dándole matices y enfoques que puedes ser muy diversos; y el trabajo del director, su forma de conducir la obra puede llevarla por otros cauces hasta conseguir resultados sorprendentes.

Hace poco ha caído en mis manos esta obra, uno de los clásicos del realismo americano de los años 50. Me la he leído casi de un tirón por lo dinámico de la acción y la viveza de los diálogos. Cuenta la historia de un hombre maduro, viajante de comercio, sin éxito profesional ni social, obligado a pasar mucho tiempo fuera de su casa y hacer kilómetros de carretera para obtener unos resultados muy magros, que no le evitan las deudas ni los agobios de final de mes. Su mujer es comprensiva con él y le brinda su apoyo, pero no sucede igual con sus dos hijos, tiene discusiones continuas tanto con el guaperas juerguista como con el golfo inconstante y pequeño delincuente, los dos sin oficio ni beneficio. Los problemas se le acumulan a la vez que se desvanecen sus sueños sin comprender donde está el error.

La obra es la crónica del fracaso de un hombre gris entregado a un trabajo al que ha dedicado toda su vida, que intenta disimular y aparentar en casa una situación falsa, un autoengaño inútil; las circunstancias adversas le empujan a un final que se va entreviendo durante la obra pero al que el autor consigue darle una vuelta de tuerca más en el epílogo para hacerlo todavía mas seco y duro, sin ninguna concesión.

Un dramón de tomo y lomo muy bien escrito con uso repetido de pasajes retrospectivos y de personajes del pasado que aparecen en la acción para alimentar las ilusiones de los personajes. Con un argumento simple y conciso muestra las sombras de un sistema que desecha al individuo cuando no le es útil, enseña el lado oscuro del sueño americano. Se ha convertido en un referente de la literatura realista americana.

Se estrenó en 1949, dirigida por Elia Kazan y se representó ininterrumpidamente durante 21 meses. Inicialmente fue representada por Lee J Cobb, Arthur Kennedy y Cameron Mitchel y desde entonces ha sido representada por actores de la talla de Dustin Hoffman, George C Scott, John Malkovich, Jude LawPhilip Jackson y Philip Seymour Hoffman. Se ha adaptado varias veces para el cine y la televisión. 

Arthur MIller (Nueva York, 1915-2005) fue dramaturgo guionista, opositor al senador McCarthy, activista contra las guerras de Corea y Vietnam, y marido de Marilyn Monroe. De origen judío-austriaco, estudió periodismo en Michigan y  para pagarse los estudios trabajó en un almacén y en una radio local. 

Escribió guiones radiofónicos y comedias antes de que le llegase el éxito con su obra dramática de critica social «Todos eran mis hijos», consolidado después con «Muerte de un viajante» y «Las brujas de Salem», máximos exponentes del realismo americano. Obtuvo el Premio de la Critica de Nueva York y por dos veces el Premio Pulitzer. Su obra también incluye novela, relatos cortos y ensayos. Fue elegido mejor dramaturgo del siglo XX y en 2002 recibió el Premio Príncipe de Asturias.

Arthut Miller en su mesa de trabajo (Getty Images)

Publicado por John Smith.

domingo, 20 de mayo de 2018

Felicidad clandestina - Clarice Lispector


Hoy os traigo un relato de Clarice Lispector (1920-1977), escritora de origen judío nacida en Ucrania, que se instaló junto a su famlia siendo niña primero en Recife y luego en Río de Janeiro, para convertirse en la gran dama de las letras brasileñas.


Felicidad clandestina

Ella era gorda, baja, pecosa y de pelo excesivamente crespo, medio amarillento. Tenía un busto enorme, mientras que todas nosotras todavía eramos chatas. Como si no fuese suficiente, por encima del pecho se llenaba de caramelos los dos bolsillos de la blusa. Pero poseía lo que a cualquier niña devoradora de historietas le habría gustado tener: un padre dueño de una librería.

No lo aprovechaba mucho. Y nosotras todavía menos: incluso para los cumpleaños, en vez de un librito barato por lo menos, nos entregaba una postal de la tienda del padre. Encima siempre era un paisaje de Recife, la ciudad donde vivíamos, con sus puentes más que vistos.

Detrás escribía con letra elaboradísima palabras como «fecha natalicio» y «recuerdos».

Pero qué talento tenía para la crueldad. Mientras haciendo barullo chupaba caramelos, toda ella era pura venganza. Cómo nos debía odiar esa niña a nosotras, que éramos imperdonablemente monas, altas, de cabello libre. Conmigo ejerció su sadismo con una serena ferocidad. En mi ansiedad por leer, yo no me daba cuenta de las humillaciones que me imponía: seguía pidiéndole prestados los libros que a ella no le interesaban.

Hasta que le llegó el día magno de empezar a infligirme una tortura china. Como al pasar, me informó que tenía «Las travesuras de Naricita», de Monteiro Lobato.

Era un libro gordo, válgame Dios, era un libro para quedarse a vivir con él, para comer, para dormir con él. Y totalmente por encima de mis posibilidades. Me dijo que si al día siguiente pasaba por la casa de ella me lo prestaría.

Hasta el día siguiente, de alegría, yo estuve transformada en la misma esperanza: no vivía, flotaba lentamente en un mar suave, las olas me transportaban de un lado a otro.

Literalmente corriendo, al día siguiente fui a su casa. No vivía en un apartamento, como yo, sino en una casa. No me hizo pasar. Con la mirada fija en la mía, me dijo que le había prestado el libro a otra niña y que volviera a buscarlo al día siguiente. Boquiabierta, yo me fui despacio, pero al poco rato la esperanza había vuelto a apoderarse de mí por completo y ya caminaba por la calle a saltos, que era mi manera extraña de caminar por las calles de Recife. Esa vez no me caí: me guiaba la promesa del libro, llegaría el día siguiente, los siguientes serían después mi vida entera, me esperaba el amor por el mundo, y no me caí una sola vez.

Pero las cosas no fueron tan sencillas. El plan secreto de la hija del dueño de la librería era sereno y diabólico. Al día siguiente allí estaba yo en la puerta de su casa, con una sonrisa y el corazón palpitante. Todo para oír la tranquila respuesta: que el libro no se hallaba aún en su poder, que volviese al día siguiente. Poco me imaginaba yo que más tarde, en el curso de la vida, el drama del «día siguiente» iba a repetirse para mi corazón palpitante otras veces como aquélla.

Y así seguimos. ¿Cuánto tiempo? Yo iba a su casa todos los días, sin faltar ni uno. A veces ella decía: Pues el libro estuvo conmigo ayer por la tarde, pero como tú no has venido hasta esta mañana se lo presté a otra niña. Y yo, que era propensa a las ojeras, sentía cómo las ojeras se ahondaban bajo mis ojos sorprendidos.

Hasta que un día, cuando yo estaba en la puerta de la casa de ella oyendo silenciosa, humildemente, su negativa, apareció la madre. Debía de extrañarle la presencia muda y cotidiana de esa niña en la puerta de su casa. Nos pidió explicaciones a las dos. Hubo una confusión silenciosa, entrecortado de palabras poco aclaratorias. A la señora le resultaba cada vez más extraño el hecho de no entender. Hasta que, madre buena, entendió al fin. Se volvió hacia la hija y con enorme sorpresa exclamó: ¡Pero si ese libro no ha salido nunca de casa y tú ni siquiera querías leerlo!

Y lo peor para la mujer no era el descubrimiento de lo que pasaba. Debía de ser el horrorizado descubrimiento de la hija que tenía. Nos espiaba en silencio: la potencia de perversidad de su hija desconocida, la niña rubia de pie ante la puerta, exhausta, al viento de las calles de Recife. Fue entonces cuando, recobrándose al fin, firme y serena, le ordenó a su hija:

-Vas a prestar ahora mismo ese libro.

Y a mí:

-Y tú te quedas con el libro todo el tiempo que quieras. ¿Entendido?

Eso era más valioso que si me hubiesen regalado el libro: «el tiempo que quieras» es todo lo que una persona, grande o pequeña, puede tener la osadía de querer.

¿Cómo contar lo que siguió? Yo estaba atontada y fue así como recibí el libro en la mano. Creo que no dije nada. Cogí el libro. No, no partí saltando como siempre. Me fui caminando muy despacio. Sé que sostenía el grueso libro con las dos manos, apretándolo contra el pecho. Poco importa también cuánto tardé en llegar a casa. Tenía el pecho caliente, el corazón pensativo.

Al llegar a casa no empecé a leer. Simulaba que no lo tenía, únicamente para sentir después el sobresalto de tenerlo. Horas más tarde lo abrí, leí unas líneas maravillosas, volví a cerrarlo, me fui a pasear por la casa, lo postergué más aún yendo a comer pan con mantequilla, fingí no saber dónde había guardado el libro, lo encontraba, lo abría por unos instantes. Creaba los obstáculos más falsos para esa cosa clandestina que era la felicidad. Para mí la felicidad siempre habría de ser clandestina. Era como si yo lo presintiera. ¡Cuánto me demoré! Vivía en el aire… había en mí orgullo y pudor. Yo era una reina delicada.

A veces me sentaba en la hamaca para balancearme con el libro abierto en el regazo, sin tocarlo, en un éxtasis purísimo. No era más una niña con un libro: era una mujer con su amante.

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

sábado, 19 de mayo de 2018

Las seis reglas de George Orwell

 

George Orwell (1903-1950), uno de mis escritores favoritos y uno de los ensayistas en ingés más depurados, nos dejó estos seis consejor para escribir bien. Aquí los tenéis:
Salud y libros.
               
Publicado por Antonio F. Rodríguez.

viernes, 18 de mayo de 2018

La vida, instrucciones de uso - Georges Perec


Título: La vida, instrucciones de uso
Autor: Georges Perec
 

Páginas: 640
 

Editorial: Anagrama
 

Precio: 14,90 euros
 

Año de edición: 1992

Publicada en el año 1978, esta novela, arriesgada y singular como pocas, es una de las propuestas más vanguardistas del siglo XX, el texto más ambicioso de su autor y a la vez, una obra de culto que ha sido traducida a multitud de idiomas y que ganó el prestigioso Premio Médicis.

No es una obra fácil de leer y a pesar de eso, es probablemente una de las obras experimentales más leídas. Se basa en la descripción minuciosa y detallada, incluyendo varias generaciones, de los habitantes de un edificio parisino de ocho plantas, con un sótano adicional y varios trasteros, de manera pormenorizada y exhaustiva, como haría un entomólogo que acaba de descubrir un hormiguero. 

Está dividida en 99 capítulos, incluye más de mil personajes, de los que 167 son personajes principales que viven o han vivido en el edificio y el orden de los capítulos va recorriendo, siguiendo los movimientos del caballo del ajedrez, una de las fachadas del edificio, dividida verticalmente en sus plantas y horizontalmente en ocho habitaciones, con alguna que otra excepción. El libro está lleno de listas, enumeraciones  y retahílas, de reglas y permutaciones fijas, en un furor combinatorio típico de Perec.

¿Y qué es, en mi opinión, lo más extraordinario de este libro? Pues que a pesar de estar construido con repeticiones estereotipadas, resulta extrañamente entretenido y literariamente muy bello. El genio de este loco literato consiste en inventarse primero un corsé de reglas absurdas y aburridísimas, para luego crear textos maravillosos dentro de él, de una calidad literaria asombrosa.

Estamos pues, ante un puzle literario único y complicadísimo, escrito a lo largo de dos años de intenso trabajo y que se completa con una serie de índices analíticos al final y una lista de treinta autores de los que se han tomado citas textuales y se han empotrado en el texto, de manera que el lector avispado puede jugar a intentar localizarlas. Desgraciadamente, no se incluye la solución del pasatiempo.

No vas a leer ningún libro como éste, su complejidad y capacidad lúdica es asombrosa y estoy seguro que hay más claves y rompecabezas cultos que me han pasado desapercibidos. Una locura de texto, único en su género y una obra maestra, reverenciada por la crítica y por toda una cohorte de lectores entusiastas. 

Desde luego, es un ocho mil literario con todas las de la ley ¿Te atreves a leerlo?

Georges Perec (París, 1936 - 1982), hijo único de una familia de obreros judíos polacos emigrados a Francia, perdió a su padre en la Segunda Guerra Mundial y a su madre en Auschwitz. Fué adoptado por sus tíos paternos y educado en una escuela católica. Aunque su literatura está llena de juego y sentido lúdico, los recuerdos de la guerra le marcaron profundamente.

Estudió, sin llegar a licenciarse, sociología e historia en La Sorbona. Comenzó a publicar artículos y reseñas literarias, obtuvo una plaza de bibliotecario y en 1965 ganó el premio Renaudot con su primera novela, «Las cosas». A partir de ahí inició una brillante carrera literaria, basada en propuestas vanguardistas e innovadoras. Ingresó en el grupo Oulipo («Ouvroir de littérature potentielle», en español «Taller de literatura potencial») fundado por Raymond Queneau.

Perec utilizó abundantes juegos de palabras, lipogramas, anagramas y puzles. Es el autor del palíndromo más largo escrito en francés, una frase capicúa de más de 5.000 caracteres que podéis ver en este enlace. Es uno de los autores más originales, innovadores e imprevisibles.
                 
Georges Perec

Publicado por Antonio F. Rodríguez.

jueves, 17 de mayo de 2018

Huellas negras - Diego Cobo


Título: Huellas negras
Autor: Diego Cobo
 
Páginas: 144
 
Editorial: La línea del horizonte
 
Precio: 12 euros
 
Año de edición: 2018

En este libro, subtitulado «Tras el rastro de la esclavitud», el cántabro Diego Cobo informa de un periplo por cinco países relacionados de una manera u otra con el esclavismo, Jamaica, Gambia, Estados Unidos, Colombia y Cuba en busca de la huella que dejado en la sociedad y en la cultura la esclavitud y el tráfico de negros.

Bajo el lema «Hay que romperse para conocer», este admirable cronista inicia su pesquisa como un trabajo de investigación. Su tesis es que un tráfico que movilizó y cosificó a unos 15 millones de africanos durante tres siglos, causando más de ocho millones de muertos y un desarraigo brutal, tiene que haber dejado huellas fácilmente encontrables. Y la demuestra en sus cinco visitas a otros tanto países.

En resumen se puede decir que la consecuencia más palpable es convertir la negritud, el ser negro, en algo maldito, en un problema lleno de secuelas de todo tipo. Para los negros que siguen en África la pregunta ¿qué es esa negritud? no existe, ellos se ven a sí mismos como algo natural. Y para el resto, la negritud consiste en tener un oscuro pasado como esclavos, que les sigue afectando en su vida cotidiana.

Varios expertos sostienen que las consecuencias de la esclavitud, en forma de desarraigo, discriminación, menosprecio, falta de oportunidades y rechazo, siguen vivas hoy en día y no es fácil ver cómo pueden desaparecer. El esclavismo del pasado es el origen de a discriminación y la xenofobia de hoy en día. 

Por otro lado, se suele olvidar la vertiente económica del asunto. Las naciones europeas y estadounidense amasaron una enorme riqueza utilizando mano de obra gratuita, y las consecuencias, la división entre el norte rico y el sur pobre, se mantienen hasta el presente.

Una obra muy interesante, escrito con amenidad y con la profesionalidad de un periodista que va en busca de la verdad. Un libro estupendo.

Diego Cobo (Cantabria, 1986) es un periodista que escribe reportajes y crónicas de viaje. Ha  publicado historias sobre los buscadores de oro en Alaska, las viudas del terrorismo en Perú, los cortadores de caña que mueren trabajando en Nicaragua, el secreto de los velocistas en Jamaica o los apátridas de la República Dominicana, entre otros temas.

Sus trabajos se han publicado en periódicos y revistas de España y Latinoamérica, como El País, El Malpensante, Gatopardo, El Mundo y las revistas de viajes Travesías, Ocholeguas y Viajar, entre otras.

Diego Cobo
  
Publicado por Antonio F. Rodríguez.

miércoles, 16 de mayo de 2018

Bilbao-New York-Bilbao - Kirbe Uribe

 

Título: Bilbao-New York-Bilbao
Autor: Kirbe Uribe 

Páginas: 207 

Editorial: Seix Barral

Precio: 7,95 euros

Año de edición: 2011
                 
Desde que arranca con una frase inolvidable, «Los peces y los árboles se parecen», esta novela me ha robado el corazón. Partiendo de un cuadro del pintor bilbaíno Aurelio Arteta (1879-1940) titulado «En la romería» y de una anécdota de su abuelo, pescador durante años a bordo del barco «Dos amigos», que cuando supo que iba a morir, salió de la consulta del médico con su nuera y quiso ir a un museo, en lugar de volver a casa, Uribe construye una novela bellísima y sencillamente, impresionante.
               
«En la romería» (1922) de Aurelio Arteta

No es una novela al uso, es un libro fragmentario, un puzle formado de multitud de piezas, enhebradas por un vuelo en avión Bilabo-New York-Bilbao, en el que el autor indaga en el pasado de su familia, tocando los más variados temas en clave poética con sensibilidad, ritmo y equilibrio, en pasajes que a menudo parecen poemas en prosa. Es una mezcla de dietario de un poeta nacido en un pueblecito marinero inmerso en la investigación de su pasado, un recorrido aparentemente anárquico por la cultura y la historia reciente del País Vasco y una delicada acuarela de un paisaje del Cantábrico.

En esta pequeña enciclopedia plegada de Euskadi se aprende queel euskera es como un mapa del tesoro, que un gesto puede ser el mensaje de despedida más tierno entre dos personas, que la memoria altera las historias, que hubo una época en la que el rascacielos más alto del mundo era el edificio Woolworth , la historia del buzo Mancisidor, parte de la vida y peripecias de Indalecio Prieto, cómo han ido evolucionando las aguas territoriales, el secreto de las maravillosas flores de cristal del Museo Harvard de Historia Natural y mil historias más. 


Porque éste es un libro inolvidable de historias de una familia de pescadores, una novela fragmentaria que elige un modelo alternativo a la narración lineal y decimonónica para hablar de tres generaciones. Un libro maravilloso y redondo.

Si alguien me preguntase por una introducción a la cultura vasca, un libro que sirviese como llave para entrar en la idiosincrasia de ese pueblo, le diría que leyese este libro.

Kirme Uribe (Ondárroa, 1970) es un poeta y escritor vasco, nacido en un pueblo de pescadores de la provincia de Vizcaya. Se licenció en Filología Vasca en la Universidad del País Vasco e hizo estudios de Literatura comparada en la Universidad de Trento

Ha desarrollado una carrera literaria moderna, internacional y variada: ha participado en proyectos multimedia que mezclan poesía y arte, ha participado en encuentros de escritores en América, Asia y África, ha traducido al euskera a autores muy importantes (Raymond Carver, Wole Soyinka y otros), ha colaborado en The New Yorker y sus poemas han sido traducidos a un buen número de idiomas.

En el 2001, su poemario «Mientras tanto dame la mano» supuso una revolución tranquila en la poesía vasca según la crítica, ganó el Premio Nacional de la Crítica y fué elegido por el PEN American Center mejor libro de poesía traducido al inglés en el 2017. Esta novela obtuvo el Premio Nacional de Narrativa en el 2009 y supuso el brillante debut en el mundo de la novela del gran renovador de la poesía vasca.
                
Kirme Uribe

Publicado por Antonio F. Rodríguez.